Somos Perú
La primera vez que voté ganó el candidato de mi elección, el partido era Somos Perú, el candidato Alberto Andrade. A mis ojos Alberto Andrade había hecho algo que parecía imposible, recuperar el centro de Lima para los limeños y de paso, para los turistas y todos los que visitaran nuestra ciudad capital. Recuerdo vivamente que antes de que ocurriera ese milagro, cuando venían visitantes a la ciudad, íbamos todos en mancha a la plaza de armas y para que el invitado pudiera tomarse una foto sin que le roben la cámara ni perder nada en el proceso, las cuatro o cinco personas que estaban ahí, yo incluida, nos parábamos como centinelas a su costado y verificábamos que era seguro sacar la cámara y tomar una foto. Le dábamos apenas cinco segundos y luego debía nuevamente ocultarla. Tal vez por ello, ir al centro de Lima era algo que hacía con poca frecuencia y cuando lo hacía siempre iba con miedo y caminando a toda velocidad. El poder pararse delante de los edificios históricos a contemplarlos fue un acto sencillo y simple que tuvo mucho significado para mí. Nuestro hermoso centro de la ciudad lo merecía.
No fue lo único que Alberto Andrade hizo y estoy segura que también hubo cosas que no estuvieron bien, críticas multiples a su gestión. Lo que sea que haya hecho Alberto Andrade estoy convencida que lo hizo por amor a una ciudad que era también su ciudad y es también la mía porque es la ciudad donde me crié. Debido a esto, el que hoy presidente comparta la misma afiliación política con Andrade, es una ofensa y una afrenta a lo que Somos Perú significó alguna vez para mí y para Lima. Ahora ese corazón ha sido desgarrado y ese símbolo es sinónimo de corrupción, de delincuencia, de inmoralidad.
Me entristece tanto ver la ciudad que tanto quiero en manos de personas que odian Lima porque no puedo encontrar otra justificación para tantos despropósitos, para tanta negligencia y ridiculez. Para muestra un botón. Cualquier persona que ha estado en Lima sabe que tenemos uno de los peores sistema de transporte público y el tráfico más enloquecedor existente. Los trenes serían una gran ayuda, sobre todo trenes para lugares aledaños que en distancia están realmente cerca pero que debido al tráfico son una pesadillas, por ejemplo Chosica, se podría llegar en media hora en tren, con las desastrosas vías y el tráfico toma dos horas y media, sino tres o tres y media, dependiendo de la ruta, la hora y el día. Puestos a elegir trenes, lo lógico, lo coherente, sería comprar trenes nuevos, trenes rápidos, trenes que puedan servir buenamente a la población por los próximos treinta años, ¿quién se compraría hoy un auto de 1950? A menos que fueras el museo del automóvil, no tiene sentido comprar un auto viejo. Pero el anterior alcalde hizo precisamente eso, compró trenes inservibles, chatarra, trenes que estaban a punto de ser desmantelados por su inutilidad y por ser contaminantes del medio ambiente. Ahora esos trenes están en el Parque de la muralla, continuando su proceso de oxidación y contaminando la ciudad que ya pecaba de tener una baja calidad de aire.
La nueva ideota que se le ha ocurrido a la actual administración municipal es construir sesenta, sí, lo oyeron bien, sesenta viaductos, lo cual sin duda harán al mismo tiempo, lo que significará la inmovilidad total y absoluta de las doce millones de personas que habitan la ciudad. Si consideramos las promesas incumplidas y las mal cumplidas como el puente que no se puede usar, la vía expresa que no está asfaltada, los trenes que están de adorno, la sola perspectiva de tener sesenta obras en curso en la ciudad sin pensar en cómo y por dónde se desplazarán las personas implica algo parecido a la hecatombe.
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