28 de julio 2026
Qué puedo escribir sin estremecerme.
Qué puedo escribir sin que me salga espuma.
Después de veinticinco años luchando contra el fujimorismo, la pesadilla se cumple más letal, peor de lo que alguna vez la imaginamos. Keiko Fujimori, la hija del dictador, la cabecilla de la mafia criminal más extendida del país, la que superó a su padre en infamia y falta de escrúpulos, será presidenta del Perú.
Pobre mi Perú, está atado de manos y pies porque Fujimori no ha dejado ninguna institución libre de su mano nefasta, de sus intereses personales, de su insaciable afán de poder. La señora K gobernará con todos los poderes sometidos y eso significa que no soltará lo que le ha costado casi su vida entera conseguir.
Keiko Fujimori gobernará fuera de la ley porque acomodar la ley a tu antojo es la prueba palpable de que la ley no te importa y no la respetas. Gobernará con leyes echas a su medida, leyes que perjudican a todos y cada uno de los peruanos, solo que lo sentirán, como siempre, los más pobres. Gobernará y promulgará más leyes que destruyen nuestra independencia, nuestra soberanía, nuestra naturaleza, nuestra dignidad. Gobernará para hacer a los ricos más ricos, que son los que invirtieron en su campaña. Gobernará para darle a los pobres solo migajas, palabras altisonantes y un gran y tenebroso enemigo con el que distraerse para que no se den cuenta que les están robando en la cara, para que no noten las cadenas ni los grilletes que les impiden moverse. Ese enemigo tienen muchos nombres y muchos rostros, pero es siempre el mismo, una construcción que desvía la atención de lo importante y lo proyecta en lo circunstancial. A veces se llama comunismo, a veces terrorismo, a veces venezolanos, puneños, arequipeños, revoltosos, a veces ni tiene nombre porque es solo un fantasma, una idea, un vacío que cada quien llena con sus propios miedos.
Keiko Fujimori no me representa, ni será jamás mi presidenta, no la reconozco ni como madre, ni como esposa, ni como dueña del Perú, sino como su verduga, quien dará el tiro de gracia a un país en cuidados intensivos, gravemente herido por un congreso mafioso que lo ha desangrado, que lo ha dejado al borde de la muerte.
Este 28 de julio celebraremos al Perú que hubo y rogaremos porque un día vuelva a existir.
Este 28 de julio celebraremos a todos y cada uno de los luchadores y luchadoras por la democracia, por la verdad, aquellos que le vieron la cara al fujimorismo frente a frente y saben bien cómo es. Quienes tenemos memoria y conocemos los robos, las mentiras, las estratagemas ampliamente desplegadas en los noventa, somos quienes esta vez decimos que dios nos proteja, que la madre tierra se apiade, que San Martín de Porres no nos abandone, pero sobre todo, que los y las peruanos y peruanas nunca renuncien a hacer de este su país, un país libre.

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